Más confianza y menos guion

Más confianza y menos guion

Y así pasó todo. Tan sencillo y rápido que todos quedaron sorprendidos. Llevaban preparado hasta el último detalle, planificado todas y cada una de las posibles alternativas que les pudiesen plantear, los imprevistos, los fallos que se les pudieran presentar, una coordinación perfecta. Y todo para ¿nada? Como si todas sus preocupaciones las se hubieran inventado sólo para complicarse a sí mismos la existencia. Y en realidad, así fue. Semanas, meses de arduo trabajo, de planificación constante, de ensayo (y error) permanente para algo menos de cinco minutos que duró su presentación. Los cinco minutos que les prestaron atención los miembros del jurado antes de pasar a la siguiente. A una presentación que saltaba a la legua que no había sido preparada y con un prototipo que parecía estar sin terminar. El suyo en cambio, parecía listo para salir al mercado. Y, sin embargo, ambas presentaciones, ambos prototipos, fueron los únicos que habían pasado el corte entre docenas que se habían dado cita aquella calurosa mañana. Los únicos que competirían en una siguiente fase a vida y muerte. Y el suyo —como había oído de soslayo uno de ellos comentar al jurado— no había sido el mejor valorado. Aquello provocó que, a pesar de haber pasado, de haber cumplido sus expectativas, aquellos jóvenes pulcros, de buenas familias y bien educados en escuelas caras. A pesar de que tan solo con haber pasado se les abría un futuro prometedor, que todo lo que habían luchado había dado fruto y podían empezar a respirar tranquilos. A pesar de todo, que aquel chaval de barrio de ciudad de provincias de aspecto algo descuidado, al igual que su improvisada presentación, les hubiera pasado por encima, les mortificaba. Se reunieron al terminar en una mesa de una cafetería frente al lugar del evento donde se seguían carcomiendo por aquello. Uno de ellos preguntó airado al resto como era posible que un tío de barrio de provincias con una presentación chapucera hubiera quedado por encima de ellos. ¿Eso creéis? Le respondió aquel chaval que pasaba junto a ellos camino a la barra a celebrar su triunfo sin que ninguno se percatase de su presencia. Bien, añadió junto a una mirada altanera y una sonrisa maliciosa. Ha salido aún mejor de lo que pensé. Y continuó su camino.

ene 26